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Día 17 – Lower Body

Recuerda estirar después de hacer tus ejercicios del dia. Aquí te dejo dos opciones de estiramientos. Puedes hacer 5 minutos o hacer el video de estiramiento completo.

Intención del día

Espera el favor de Dios, del Universo y de la vida

Meditación del día

Meditación artista interior | Meditación guiada | Sí medito

Lectura del día

Libro: Conversaciones con Dios de Neale Donald Walsch (Páginas 34, )

El proceso de creación se inicia con el pensamiento; una idea, concepto o imagen mental. Todo lo que ves fue una vez idea de alguien. Nada existe en vuestro mundo que no haya existido antes como pensamiento puro. Eso es cierto también respecto al universo.

El pensamiento es el primer nivel de la creación. A continuación viene la palabra. Todo lo que se dice es pensamiento expresado. Es creador, y emite energía creadora al universo. Las palabras son más dinámicas (por lo tanto, algunas pueden ser más creadoras) que el pensamiento, puesto que las palabras constituyen un nivel de vibración distinto de él del pensamiento. Trastornan (cambian, alteran, afectan) al universo, causando un gran impacto. Las palabras constituyen el segundo nivel de la creación.

A continuación viene la acción. Las acciones son palabras en movimiento. Las palabras son pensamientos expresados. Los pensamientos son ideas formadas. Las ideas son energías reunidas. Las energías son fuerzas liberadas. Las fuerzas son elementos existentes. Los elementos son partículas de Dios, porciones del Todo, la sustancia de todo. El principio es Dios. El final es la acción. La acción es Dios creando, o Dios experimentando. Tu pensamiento acerca de ti mismo es que no eres lo bastante bueno, lo bastante maravilloso, lo bastante puro, para ser una parte de Dios, para formar sociedad con Dios. Has negado durante tanto tiempo Quien Eres, que lo has olvidado. Esto no ha ocurrido por azar; no es por casualidad. Forma parte de un plan divino, puesto que no podrías afirmar, crear ni experimentar Quien Eres, si ya lo fueras. Primero era necesario que rompieras (negaras, olvidaras) tu vínculo conmigo, con el fin de experimentarlo plenamente mediante su creación plena, mediante su surgimiento, ya que tu más grandioso deseo y Mí más grandioso deseo era que te experimentaras a ti mismo como la parte de Mí que eres. Así pues, estás en proceso de experimentarte a ti mismo creándote a ti mismo de nuevo en cada momento. Al igual que Yo lo estoy; a través tuyo.

Así, tu vida despegará cuando decidas que lo haga. Hasta ahora no lo has decidido. Te has entretenido, lo has aplazado, has protestado. Ahora es el momento de que produzcas lo prometido. Para hacerlo, debes creer en la promesa, y vivirla. Debes vivir la promesa de Dios.

La promesa de Dios es que tú eres Su hijo. Su descendencia. Su semejante. Su igual.

¡Ah!… Aquí es donde el asunto se complica. Puedes aceptar lo de Su hijo, descendencia y semejante, pero rechazas ser llamado Su igual. Aceptar eso es demasiado. Demasiada grandeza, demasiado asombroso; demasiada responsabilidad, puesto que, si eres igual a Dios, eso significa que nada se te da a ti, sino que todo es creado por ti. Ya no puede haber víctimas ni malvados; sólo resultados de tu pensamiento respecto a algo. Te lo aseguro: todo lo que ves en tu mundo es el resultado de tu idea sobre ello.

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